Juegos de huesos y vídeos sobre el esqueleto humano

A continuación podéis entreteneros con una pequeña animación en forma de juego que desgrana el interior del cuerpo humano. Si nos concentramos en el esqueleto, al posar el ratón sobre cada uno de los huesos dibujados, la animación mostrará el nombre del hueso.


Este otro juego sobre los huesos viene en formato test, el interlocutor te va haciendo preguntas para que señales donde está cada hueso del cuerpo humano sobre un dibujo del esqueleto.


Por otro lado, existe una serie de televisión hispano-francesa titulada "Érase una vez... el cuerpo humano" que explica de forma simple y amena mediante dibujos animados temas complejos relacionados con el cuerpo humano. Aquí podéis encontrar los capítulos de "Érase una vez... el cuerpo humano" relacionados con los huesos y el esqueleto humano, en ellos se mencionan muchos de los temas ya tratados en el blog (osteoblastos, osteoclastos, calcio, sales minerales, etc.).

El Esqueleto: ficha resumen

Las funciones del esqueleto

El esqueleto es el conjunto de todos los huesos del cuerpo. Las funciones del esqueleto son:

  • Sostener y dar forma al cuerpo.
  • Proteger los órganos internos como el encéfalo y los pulmones.
  • Servir de lugar de anclaje a los músculos. De este modo, cuando los músculos se mueven, tiran de los huesos a los que están unidos y podemos realizar todo tipo de movimientos: correr, saltar, masticar...

Los componentes del esqueleto

El esqueleto está formado por los huesos y los cartílagos.
  • Los huesos están formados por un tejido vivo muy duro que contiene sustancias inorgánicas (sales minerales de calcio y fósforo) a las que se debe la dureza de los huesos. Los huesos tienen diferentes formas y tamaños. hay huesos planos (parietales), grandes (escápula), pequeños (falanges), largos (fémur) y cortos (vértebras).
  • Los cartílagos están formados por un tejido más blando que los huesos, flexible y resistente. Los cartílagos se situan, por ejemplo, en los extremos de los huesos largos, en las costillas y en el esternón. También están formados por cartílagos el pabellón de la oreja y parte de la nariz.
Durante el crecimiento, nuestro esqueleto sufre diversas modificaciones, como el aumento del tamaño de los huesos y la sustitución de algunos cartílagos por tejido óseo.


Las articulaciones

Una articulación es la unión de dos huesos. Hay dos tipos de articulaciones: articulaciones fijas y articulaciones móviles.
  • Las articulaciones fijas no permiten realizar movimientos a los huesos que las forman. Son articulaciones fijas las uniones de los huesos del cráneo.
  • Las articulaciones móviles permiten realizar movimientos a los huesos que las forman. Algunas permiten muchos movimientos, como la articulación del hombro, y otras permiten pocos movimientos, como las articulaciones de las falanges.
Sin articulaciones, nuestro esqueleto sería rígido y no podríamos realizar movimientos.

Fracturas de cráneo, columna vertebral y de las costillas

Las fracturas de cráneo suelen ir acompañadas de pérdida de conocimiento. Pero siempre que una persona reciba un golpe fuerte en la cabeza, aunque no pierda el conocimiento, debe ser trasladada con urgencia a un hospital.

Las fracturas de la columna vertebral pueden dañar la médula espinal y provocar una parálisis. El traslado del herido es por ello muy urgente, pero debe realizarse con mucho cuidado, procurando no moverle la cabeza ni sentarlo.

Las fracturas de costillas pueden muy graves. Por ejemplo, en los accidentes de tráfico, puede correrse el riesgo de que la costilla o las costillas rotas dañen el pulmón. Por ello, es importantísimo ponerse el cinturón de seguridad. Dicho esto, la mayoría de las fracturas de costilla no tienen excesiva gravedad, aunque son dolorosas e impiden respirar a fondo a causa del dolor.

Fracturas en brazos y piernas

Los huesos de los brazos y las piernas pueden fracturarse a consecuencia de un golpe o por una torcedura brusca. Estas lesiones producen un dolor muy intenso. El brazo o la pierna pueden quedar torcidos en relación con otro miembro e incluso, a veces, puede oírse el crujido del hueso roto.

También puede notarse una hinchazón en la piel, producida por un hematoma, que es una acumulación de sangre en la zona de la fractura.

¿Cómo son los primeros auxilios relacionados con las fracturas? Sólo un médico o socorrista están capacitados para atender una fractura. Pero ¿qué debe hacerse entretanto para atender al herido?

Primero, evitar que el herido se mueva; inmovilizar después el brazo o la pierna en la posición en que se encuentran y, por último, hacer un entablillado o un cabestrillo.

El entablillado. Con el entablillado se evita que la fractura se agrave y que el brazo o la pierna se muevan, con lo que disminuye el dolor. La tablilla puede hacerse con un periódico, una revista, una madera, etc. y sujetarse con cuerdas, un pañuelo, un cinturón, etc. Debe tener la longitud suficiente para abarcar el hueso roto y las articulaciones cercanas.

El cabestrillo. En las fracturas del hombro, brazo y codo, se hace un cabestrillo. Puede improvisarse con un pañuelo grande; se sujeta el brazo con el pañuelo doblado y luego se ata el pañuelo al cuello o al hombro del herido.

Clases de fracturas

No todas las fracturas tienen la misma gravedad. De menor a mayor gravedad las fracturas pueden ser:

Fractura incompleta. El hueso no está completamente roto; se halla abierto por uno de los lados, pero en el otro lado existe todavía tejido óseo.

Fractura completa. El hueso está totalmente seccionado.

Fractura cerrada. No se ha producido herida externa, es decir, no hay herida en la piel.

Fractura abierta. El hueso está totalmente roto y además uno de los fragmentos ha rasgado los tejidos cercanos y ha abierto una herida en la piel. Es la fractura más grave, porque se corre el peligro de que produzca una infección.

Más vale prevenir que curar las fracturas

Los huesos se unen unos a otros para formar un sólido esqueleto que protege órganos delicados de nuestro cuerpo y sostiene gran parte del peso corporal. Por eso son resistentes.

Pero el esqueleto ha de ser también flexible para que nuestro cuerpo pueda efectuar una amplia variedad de movimientos. Por ello, el grosor del hueso no llega a ser excesivo.

Los huesos son pues duros y resistentes, pero también son frágiles; y con mucha más frecuencia de la que crees, se pueden romper. La rotura de un hueso se llama fractura.

¿Qué puede hacerse para prevenir las fracturas? Desde luego no sería una norma de prevención de las fracturas aconsejarte que evites correr, saltar, jugar con tus amigos o practicar deportes. Tu esqueleto está preparado para que realices todas esas actividades, sin que, por regla general, haya que temer ninguna fractura.

Sin embargo, tu esqueleto te agradecerá que "colabores" con él y evites, en lo posible, los movimientos bruscos y violentos.

Un ejercicio en apariencia tan simple como, por ejemplo, saltar desde una pequeña altura puede causarte una fractura en las vértebras de la columna, si caes sobre los talones. Ten siempre presente que, al saltar, debes flexionar las piernas y caer sobre la punta de los pies.

¿Sabías que el hueso tiene su propio sistema para reparar las fracturas?

La asistencia médica que recibe una persona que ha sufrido una fractura consiste fundamentalmente en inmovilizar el hueso roto enyesando el miembro fracturado durante un periodo de tiempo más o menos largo.

En la mayoría de las fracturas, son suficientes el yeso y el reposo, porque la verdadera "reparación" de la fractura la lleva a cabo el mismo hueso.

En el lugar del hueso donde se ha producido la fractura, se forma un coágulo de sangre, que posteriormente se regenera con células y vsasos sanguíneos nuevos.

Estos vasos transportan a la zona de la fractura nutrientes y glóbulos blancos. Estimulados por el aporte extra de oxígeno, los osteoblastos, las células "constructoras de hueso", comienzan a producir tejido óseo esponjoso, que finalmente se solidifica y se convierte en hueso, reconstruyendo los fragmentos del hueso fracturado.


Los huesos de las extremidades

Podemos dividir las extremidades en dos grupos: extremidades superiores y extremidades inferiores.

Veamos primero las extremidades superiores. En el brazo, hay sólo un hueso. Es un hueso largo, llamado húmero, que por la parte superior se articula con el omóplato en el hombro y por la parte inferior con el cúbito, uno de los huesos del antebrazo.

La unión del húmero con el cúbito en la articulación del codo permite realizar los movimientos de flexión y extensión del antebrazo.

El otro hueso del antebrazo es el radio. Más corto que el cúbito, estos dos huesos están dispuestos de tal forma que se cruzan uno con otro, haciendo una "x" para permitir el giro de la muñeca.

En la muñeca, la mano y los dedos, tenemos numerosos huesos de pequeño tamaño, que se llaman carpianos, metacarpianos y falanges.


Veamos ahora las extremidades inferiores. El primer hueso de la extremidad inferior es el fémur, el hueso más largo del cuerpo. Está situado en el muslo y es un hueso muy resistente, grueso y robusto, que se articula con la tibia y el peroné, los huesos de la pierna.
En la articulación de la rodilla, entre el muslo y la pierna, se halla la rótula. Es un hueso corto y redondeado, recubierto por potentes músculos que permiten la flexión y la extensión de la pierna.

El hueso de mayor tamaño del pie es el calcáneo, que forma el talón.

Los huesos del tórax

La parte del cuerpo comprendida entre los hombros y la cintura es el tronco. La parte superior del tronco se llama tórax y el esqueleto que protege esta parte de nuestro cuerpo recibe el nombre de caja torácica.

Los huesos principales que dan forma a la caja torácica son las costillas y el esternón.

Las costillas son huesos largos y estrechos que dan forma a la caja torácica.

Tenemos 24 costillas, unidas en la zona de la espalda a la columna vertebral.

En la zona del pecho, sin embargo, no se unen todas las costillas a la columna vertebral. Por ello, se distinguen tres grupos de costillas y se les dan diferentes nombres: las costillas verdaderas se unen con el esternón; las costillas falsas se unen con las costillas verdaderas y las costillas flotantes tienen uno de los extremos suelto.



El esternón es un hueso largo y plano, situado en la parte delantera del tórax. Sirve de sujeción a las clavículas del hombro y a algunas costillas.

Las vértebras dorsales, las costillas y el esternón formán un resistente armazón que cierra la caja torácica y protege órganos tan importantes como el corazón y los pulmones.

¿Sabías que los pequeños bultos que puedes notar en la espalda los causan las vértebras?

Si alguno de tus amigos encorva la espalda en la playa o en la piscina o si tú mismo te tocas con los dedos en el centro de la espalda, verás o notarás una sucesión de pequeños bultos, que parecen los nudos de una cadena: son las vértebras, que situadas una sobre otra y separadas por una articulación muy flexible denominada disco intervertebral, forman la columna vertebral.

Las vértebras son huesos cortos con una forma muy irregular, adaptada a las funciones que realizan: poseen un orificio relleno de tejido óseo esponjoso por el que pasa la médula esponal; las vértebras de la región dorsal tienen concavidades, llamadas carillas, en las que se asientan las costillas, y todas ellas presentan varios huesos en punta, que sirven de soporte a los músculos. Las puntas situadas en la parte posterior de la columna son los pequeños bultos que notas en la espalda.


La columna vertebral

La columna vertebral es el eje o soporte principal de nuestro cuerpo. Está formada por 24 huesos pequeños, llamados vértebras.

Las vértebras reciben nombres diferentes, según el lugar que ocupan en la columna vertebral: las vértebras cercivales estás situadas en la parte superior de la columna, en la zona del cuello, a continuación, vienen las vértebras dorsales, situadas en la zona de la espalda, y por último, las vértebras lumbares, situadas en la espalda y el hueso sacro.

El hueso sacro es la base de la columna vertebral. La columna se apoya sobre el hueso sacro. Es un hueso inconfundible porque tiene dos hileras de curiosos agujeros, por los que pasan varios nervios.

El hueso sacro es muy resistente, y en su función de sostener la columna vertebral es "ayudado" por los huesos coxales de la pelvis, sobre los que se apoya.

El cóccix es parecido a una cola rudimentaria. El cóccix se encuentra en el extremo de la columna vertebral. Está formado por 5 vértebras, que no están sueltas como las otras vértebras de la columna, sino que, igual que las del hueso sacro, se hallan fuertemente unidas.

El cóccix es, en realidad, una cola rudimentaria, que conservamos de la cola que poseían los homínidos, nuestros más remotos antepasados, que vivieron en la Tierra hace varios millones de años.
En definitiva, la columna vertebral es el eje del esqueleto que sostiene nuestro cuerpo. Está compuesta por 24 vértebras, unos huesos pequeños situados unos sobre otros y unidos por músculos y ligamentos. La parte central de la vértebra se denomina cuerpo vertebral y los pequeños huesos en punta donde se unen los músculos se llaman apófisis. Además de estas 24 vértebras móviles en la columna hay 5 vértebras más, que están unidas entre ellas. Se llaman vértebras sacras porque forman el hueso sacro, que es la base donde se asienta la columna vertebral.

Los huesos de la cabeza

En la cabeza hay dos clases de huesos: los huesos del cráneo y de la cara. Se pueden palpar a través de la piel, porque el tejido muscular que los recubre es mucho más delgado que en otras partes del cuerpo.

Los huesos del cráneo. El esqueleto del cráneo está formado por ocho huesos de forma plana, muy resistentes. Mira en la siguiente ilustración el nombre y la situación de los más importantes.

El hueso frontal sirve de base al cráneo y forma dos cavidades profundas en las que se alojan los globos oculares. Los dos huesos parietales están situados cada uno a un lado de la cabeza y forman el "techo" y las "paredes" del cráneo. La parte inferior del cráneo está formada por los huesos temporales, dos huesos que protegen los órganos del oído.

El hueso occipital es la única unión entre la cabeza y la columna vertebral, como si aquella fuera una pelota en equilibrio sobre la punta de un dedo; a través de un orificio del hueso occipital, sale del cerebro la médula espinal, una "vía de transmisión" del sistema nervioso.

En lo que respecta a los huesos de la cara, los huesos de la cara más importantes son los maxilares superiores, dos huesos fijos y unidos al cráneo, y el maxilar inferior, un hueso móvil con forma de herradura, cuya principal función es la masticación.

Los huesos del cuerpo humano

En el esqueleto del cuerpo humano hay 206 huesos; pero este número puede variar ligeramente de unas personas a otras, porque hay varios huesos pequeños que unas personas poseen y otras no.

Si observas la forma general del esqueleto en el siguiente atlas anatómico, verás que está formado por un eje central que tiene dos prolongaciones.



En este eje central, llamado esqueleto axial, se encuentra el cráneo, en la parte superior, la columna vertebral y las costillas, en la parte central, y la pelvis, en la parte inferior. De este eje central, salen unas prolongaciones llamadas esqueleto apendicular, que comprenden las extremidades superiores y las extremidades inferiores.

El alimento del hueso

Para que se construya y fortalezca el esqueleto que sostiene tu cuerpo y protege los órganos más importantes de tu organismo, es preciso que los huesos reciban una alimentación suficiente.

La alimentación básica del hueso son las vitaminas, sustancias existentes en algunos alimentos que también son imprescindibles para el normal desarrollo de otras partes de tu organismo.

Como sabes, existen distintos tipos de vitaminas, cuyo nombre es una simple letra: vitamina A, vitamina C, vitamina D, etc.

El desarrollo y fortalecimiento del hueso depende de la vitamina D y sobre todo de la vidamina D2 o calciferol.

El calciferol se encuentra principalmente en el aceite de hígado de bacalao, el atún, la leche y los huevos.

La misión del calciferol es regular la absorción a través del intestino del calcio y el fósforo que precisan los huesos.

Nuestro organismo también obtiene vitamina D a través de la acción que los rayos ultravioleta del sol realizan en la piel.

Por este motivo, en los países soleados son poco habituales los casos de raquitismo, que es la enfermedad provocada por la carencia de vitamina D.

El raquitismo afecta sobre todo a los niños y consiste en la descalcificación progresiva del esqueleto.
En las personas adultas, la carencia de vitamina D produce osteomalacia o reblandecimiento de los huesos.

¿Sabías que los huesos pueden conservarse durante millones de años?

Año 1962. Yacimiento arqueológico de Olduvai, en África. Un científico llamado Louis Leakey y su esposa, Mary, desentierran pequeñas piedras que parecen herramientas primitivas.

De pronto, el científico ve sobresalir el extremo de un hueso. Comienza a excavar alrededor y saca el hueso con mucho cuidado.

Es la mandíbula de un cráneo humano. Aquella mandíbula permitió reconstruir el cráneo del Homo habilis, el primer antepasado del hombre, que, hace dos millones de años, empezó a fabricar herramientas.

Louis Leakey y su esposa eran paleontólogos. La paleontología es la ciencia que estudia como era la vida en la Tierra hace millones de años, a través de los restos conservados hasta hoy de plantas, animales y hombres prehistóricos. Estos restos se llaman fósiles.

Los fósiles que con más frecuencia hallan los paleontólogos son huesos de hombres y animales prehistóricos.

Las sustancias minerales contenidas en el hueso se endurecen con el paso del tiempo; y si el terreno en que está enterrado el hueso se halla protegido de la humedad, ¡el hueso puede conservarse durante millones de años!

El crecimiento del hueso

Los huesos empiezan a desarrollarse en el feto. Crecen a lo largo y a lo ancho,
formando en algunas partes del esqueleto, como el esternón y la pelvis, un tejido menos resistente que el hueso, llamado cartílago; el resto es un tejido más blando, que se llama mucosa.

Poco después del nacimiento, la zona central de los huesos largos deja de crecer a lo largo y el hueso crece sólo en los extremos.

El húmero del brazo y el fémur del muslo son huesos largos. Junto con otros huesos largos del cuerpo, forman la estructura del esqueleto y es a ellos a los que se debe, en parte, la talla de cada persona.

Entre los dos extremos del hueso, existe un cartílago, llamado cartílago de conjunción o placa de crecimiento.

A medida que este cartílago se alarga, en los extremos del hueso se forma tejido óseo y el hueso crece. Y seguirá creciendo hasta que, hacia los veinticinco años de edad, desaparezca la placa de crecimiento.

El desarrollo del hueso está regulado por una hormona del crecimiento, producida en el cerebro por una glándula llamada hipófisis; mientras que las encargadas de cerrar la placa de crecimiento son unas hormonas sexuales, llamadas estrógenos y andrógenos.

El desarrollo alcanzado por los huesos antes de que se cierre la placa de crecimiento es la explicación de las diferencias de tallas existentes entre tú y tus amigos: los más altos no han seguido creciendo cuando los demás han dejado de hacerlo, sino que han crecido más deprisa en un periodo de tiempo similar.

En la ilustración superior se puede ver como se produce el crecimiento del hueso. Los huesos del bebé se están formando y aun no tienen la resistencia que tendrán después. Están hechos de un tejido duro, llamado cartílago; por eso, esta etapa del desarrollo de los huesos se llama fase de cartílago. Para llegar al estado óseo, es decir, para que el hueso adquiera toda su resistencia, el tejido óseo crece sólo en los extremos, a partir de un cartílago, llamado placa de crecimiento. Cuando esta placa desaparece, hacia los veinticinco años de edad, el hueso deja de crecer.

Los huesos también crecen a lo ancho hasta que alcanzan la resistencia suficiente.

El aumento de grosor del hueso se inicia en el periostio, o parte exterior del hueso. Las capas internas del periostio se osifican, es decir, se vuelven duras y resistentes a medida que los osteoblastos van añadiendo tejido óseo nuevo. El grosor del tejido óseo nunca llega a ser excesivo, gracias a la labor de destrucción del hueso llevada a cabo por los osteoclastos.

¿Cómo es el hueso por dentro?

En la ilustración inferior puedes ver el interior de un hueso; este dibujo te ayudará a saber cómo es un hueso por dentro y a distinguir las partes que lo forman.

Éstas son las partes principales de un hueso:

El periostio. La envoltura o parte exterior del hueso se llama periostio. El periostio recubre el hueso como si fuera una piel y se halla cruzado por varios vasos sanguíneos, cuya misión es nutrir el interior del tejido óseo, a medida que el hueso crece.

El interior del hueso. El interior del hueso está formado por tejido óseo esponjoso y por tejido óseo compacto.

El tejido óseo esponjoso se encuentra en la parte central de los huesos cortos y planos y en los extremos o epífisis de los huesos largos.

Entre las pequeñas cavidades formadas por el tejido óseo esponjoso, se halla la médula ósea roja, que, como ya sabes, es la encargada de fabricar las células de la sangre.

El tejido óseo compacto se halla en la superficie de los huesos cortos y planos y en la parte central o diáfisis de los huesos largos.

En el interior del tejido óseo compacto, se encuentra la médula ósea amarilla, también llamada tuétano.

La forma de los huesos

Los huesos tienen formas muy variadas para desempeñar correctamente su fucnión en las diferentes partes del cuerpo: el fémur y la tibia, situados en el muslo y en la pierna, son huesos largos y resistentes porque soportan casi todo el peso del cuerpo; las vértebras son huesos cortos con una forma muy irregular para dar flexibilidad a la columna vertebral.

Los huesos largos tienen una parte central llamada diáfisis y dos extremos, llamados cada uno epífisis. Son huesos largos el húmero, el radio, el fémur, la tibia, el peroné, etc.

Los huesos cortos tienen unas dimensiones a lo largo y a lo ancho muy similares. Suele haber varios juntos para que su resistencia sea mayor, como es el caso de los huesos del carpo y el tarso, situados en la muñeca y el tobillo.

Los huesos planos son mucho más largos y anchos que gruesos. Su misión es proteger partes blandas del cuerpo, como el corazón, los pulmones y el cerebro. Son huesos planos las costillas, los omóplatos y el cráneo.

Los huesos irregulares son tales que su tamaño es muy parecido al de los huesos cortos, pero su forma se adapta a la función que desempeñan en el esqueleto. Las vértebras y los huesecillos del oído son huesos irregulares.

Los huesos sesamoideos son aquellos huesos pequeños y redondeados que se encuentran en las articulaciones. Un ejemplo claro de huso sesamoideo es la rótula, situada en la articulación de la rodilla.

¿Cómo se construye el hueso?

Ya sabes que la función de los osteoblastos y los osteoclastos es la fabricación del tejido óseo. Pero ¿qué misión le corresponde a cada uno en la formación y el crecimiento del hueso?

La misión de los osteoblastos es formar el tejido del hueso. Para ello, transportan desde distintas partes del cuerpo calcio y otras sales minerales al hueso que se está formando.

Pero mientras los osteoblastos, o "constructores de hueso", realizan su paciente y laborioso trabajo, los osteoclastos "arañan" el calcio y destruyen continuamente el hueso.

La labor de los osteoclastos tiene objetivos importantes. Uno de ellos, es el de impedir que el grosor del hueso llegue a ser excesivo; si los osteoblastos fabricasen constantemente tejido óseo y éste no se destruyera, el grosor del hueso nos impediría el movimiento.

Otro objetivo es la "reparación" de las fracturas del hueso. Los osteoclastos destruyen los fragmentos de hueso y los osteoblastos "rellenan" la fractura con tejido óseo nuevo.

La formación de hueso comienza antes del nacimiento. Pero el esqueleto del feto no es todavía hueso, sino un tejido llamado mucosa. En el recién nacido, la mucosa se convierte en cartílago. Empieza entonces la fabricación de tejido óseo. El hueso se vuelve más resistente, hasta que hacia los veinticinco años, se alcanza el estado óseo definitivo.

A esta edad, los huesos han adquirido toda su dureza. Después pierden calcio de forma progresiva y, en la vejez, son más frágiles y quebradizos.

¿De qué está hecho el hueso?

Los huesos de nuestro esqueleto están compuestos básicamente por agua y por sustancias minerales formadas a partir del calcio y el fósforo; contienen también una sustancia presente en los alimentos, llamada la osteína.

En el interior del hueso existen dos clases de células, llamadas osteoblastos y osteoclastos, que son las encargadas de la fabriación del tejido óseo, a partir de las sustancias que acabamos de mencionar. El tejido óseo es esponjoso o compacto, según la resistencia de las distintas partes del hueso.

El tejido óseo esponjoso está formado por laminillas muy finas, en forma de red. En  algunos huesos, como el fémur, esta red está en la dirección que dé más resistencia al hueso.

El tejido óseo compacto es grueso y sólido y da al hueso su dureza. En la superficie del tejido óseo compacto, existen unos conductos, llamdos canales de Havers, por los que pasan los vasos sanguíneos que nutren los huesos.

En el hueso se alojan la médula ósea roja y la médula ósea amarilla.

La médula ósea roja es la encargada de fabricar los glóbulos rojos, los glóbulos blancos y las plaquetas de la sangre; se encuentra en los pequeños espacios existentes entre el tejido óseo esponjoso.

La médula ósea amarilla se llama también tuétano, un nombre que tal vez te resulte más familiar. Es un tejido graso situado en el interior del hueso.