Rotura de menisco de la rodilla

Con frecuencia, aparece en los periódicos deportivos y en los programas de deportes de la radio y la televisión la noticia de que un jugador de fútbol se ha lesionado un menisco.

Otros deportistas, como los jugadores de rugby o los esquiadores, también sufren lesiones de menisco; pero ¿por qué son los futbolistas los que tienen con más frecuencia esta lesión?

Una de las causas más habituales de rotura de meniscos es que la pierna sufra una torsión brusca cuando está flexionada.


En el fútbol, esta lesión puede producirse cuando el jugador flexiona la pierna para darle a la pelota y el pie queda atrapado entre las piernas de otros jugadores o a los tacos de la bota que se le clavan en el césped.

El jugador puede sufrir entonces una torsión violenta de la rodilla, que le lesione o rompa uno de los mensicos.

El jugador que ha sufrido una lesión de menisco debe permanecer varias semanas con la pierna inmóvil. Si la lesión no ha sido grave, se forma un tejido nuevo que "repara" el menisco lesionado.

Pero en la mayoría de ocasiones, es preciso operar la rodilla y extirpar el menisco.

La articulación de la rodilla

La rodilla es una de las articulaciones principales del cuerpo. Es resistente, pues en la rodilla se articulan el fémur del muslo y la tibia de la pierna, dos huesos largos y fuertes, que sostienen casi todo el peso del esqueleto. Pero la rodilla también es una articulación que tiene un funcionamiento muy delicado, debido al amplio número de funciones que realiza.

La rodilla es la articulación que hace posibles los movimientos de flexión y extensión de la pierna. Éstos son los movimientos que hacemos cuando caminamos, coordinados con los que realizamos en las articulaciones de la cadera y del tobillo.

La rodilla tiene también pequeños movimientos de rotación, gracias a los cuales podemos girar la pierna.

En la rodilla, además del fémur del muslo y la tibia de la pierna se encuentra la rótula, un pequeño hueso que sólo se halla en la rodilla.

La rótula se halla en uno de los tendones de los poderosos músculos cuádriceps; cuando estos músculos se contraen, extendemos la pierna, y cuando se relajan, la flexionamos.


La articulación de la rodilla está rodeada por una cápsula articular y por la membrana sinovial que segrega el líquido sinovial, para que el roce entre los cartílagos no desgaste el extremo de los huesos.

Pero además en la rodilla hay dos meniscos y numerosos ligamentos, que mantienen unidos el fémur y la tibia.

Éstas son las partes más débiles de la rodilla. Por ello, las lesiones de rodilla más frecuentes suelen ser los esguinces de ligamentos y las roturas de meniscos.

El menisco

Si eres aficionado al fútbol, seguro que para ti la palabra menisco resulta familiar. Pero ¿sabes qué son exactamente los meniscos?

Son cartílagos duros que se encuentran en las articulaciones que tienen más movilidad. Se hallan situados entre los extremos de algunos huesos y su misión es aumentar el contacto entre los dos extremos, para que el esfuerzo quede mejor repartido.

Los meniscos más "conocidos" son los que se hallan en la articulación de la rodilla. Son dos y parecen anillos rodeando la rodilla, uno por el lado exterior y otro por el interior.


La misión de los meniscos de la rodilla es muy importante para que el esfuerzo que debe realizar el fémur quede repartido en todo el extremo de la tibia. No en vano, el fémur, en el muslo, y la tibia, en la pierna, sostienen casi todo el peso del cuerpo.

Pero además de ser resistente, la articulación de la rodilla tiene mucha movilidad. Los meniscos desempeñan también una importante función en la movilidad de la rodilla. Suavizan el roce entre los cartílagos que recubren el fémur y la tibia, facilitando los movimientos de la rodilla.