Los huesos del tórax

La parte del cuerpo comprendida entre los hombros y la cintura es el tronco. La parte superior del tronco se llama tórax y el esqueleto que protege esta parte de nuestro cuerpo recibe el nombre de caja torácica.

Los huesos principales que dan forma a la caja torácica son las costillas y el esternón.

Las costillas son huesos largos y estrechos que dan forma a la caja torácica.

Tenemos 24 costillas, unidas en la zona de la espalda a la columna vertebral.

En la zona del pecho, sin embargo, no se unen todas las costillas a la columna vertebral. Por ello, se distinguen tres grupos de costillas y se les dan diferentes nombres: las costillas verdaderas se unen con el esternón; las costillas falsas se unen con las costillas verdaderas y las costillas flotantes tienen uno de los extremos suelto.



El esternón es un hueso largo y plano, situado en la parte delantera del tórax. Sirve de sujeción a las clavículas del hombro y a algunas costillas.

Las vértebras dorsales, las costillas y el esternón formán un resistente armazón que cierra la caja torácica y protege órganos tan importantes como el corazón y los pulmones.

¿Sabías que los pequeños bultos que puedes notar en la espalda los causan las vértebras?

Si alguno de tus amigos encorva la espalda en la playa o en la piscina o si tú mismo te tocas con los dedos en el centro de la espalda, verás o notarás una sucesión de pequeños bultos, que parecen los nudos de una cadena: son las vértebras, que situadas una sobre otra y separadas por una articulación muy flexible denominada disco intervertebral, forman la columna vertebral.

Las vértebras son huesos cortos con una forma muy irregular, adaptada a las funciones que realizan: poseen un orificio relleno de tejido óseo esponjoso por el que pasa la médula esponal; las vértebras de la región dorsal tienen concavidades, llamadas carillas, en las que se asientan las costillas, y todas ellas presentan varios huesos en punta, que sirven de soporte a los músculos. Las puntas situadas en la parte posterior de la columna son los pequeños bultos que notas en la espalda.


La columna vertebral

La columna vertebral es el eje o soporte principal de nuestro cuerpo. Está formada por 24 huesos pequeños, llamados vértebras.

Las vértebras reciben nombres diferentes, según el lugar que ocupan en la columna vertebral: las vértebras cercivales estás situadas en la parte superior de la columna, en la zona del cuello, a continuación, vienen las vértebras dorsales, situadas en la zona de la espalda, y por último, las vértebras lumbares, situadas en la espalda y el hueso sacro.

El hueso sacro es la base de la columna vertebral. La columna se apoya sobre el hueso sacro. Es un hueso inconfundible porque tiene dos hileras de curiosos agujeros, por los que pasan varios nervios.

El hueso sacro es muy resistente, y en su función de sostener la columna vertebral es "ayudado" por los huesos coxales de la pelvis, sobre los que se apoya.

El cóccix es parecido a una cola rudimentaria. El cóccix se encuentra en el extremo de la columna vertebral. Está formado por 5 vértebras, que no están sueltas como las otras vértebras de la columna, sino que, igual que las del hueso sacro, se hallan fuertemente unidas.

El cóccix es, en realidad, una cola rudimentaria, que conservamos de la cola que poseían los homínidos, nuestros más remotos antepasados, que vivieron en la Tierra hace varios millones de años.
En definitiva, la columna vertebral es el eje del esqueleto que sostiene nuestro cuerpo. Está compuesta por 24 vértebras, unos huesos pequeños situados unos sobre otros y unidos por músculos y ligamentos. La parte central de la vértebra se denomina cuerpo vertebral y los pequeños huesos en punta donde se unen los músculos se llaman apófisis. Además de estas 24 vértebras móviles en la columna hay 5 vértebras más, que están unidas entre ellas. Se llaman vértebras sacras porque forman el hueso sacro, que es la base donde se asienta la columna vertebral.

Los huesos de la cabeza

En la cabeza hay dos clases de huesos: los huesos del cráneo y de la cara. Se pueden palpar a través de la piel, porque el tejido muscular que los recubre es mucho más delgado que en otras partes del cuerpo.

Los huesos del cráneo. El esqueleto del cráneo está formado por ocho huesos de forma plana, muy resistentes. Mira en la siguiente ilustración el nombre y la situación de los más importantes.

El hueso frontal sirve de base al cráneo y forma dos cavidades profundas en las que se alojan los globos oculares. Los dos huesos parietales están situados cada uno a un lado de la cabeza y forman el "techo" y las "paredes" del cráneo. La parte inferior del cráneo está formada por los huesos temporales, dos huesos que protegen los órganos del oído.

El hueso occipital es la única unión entre la cabeza y la columna vertebral, como si aquella fuera una pelota en equilibrio sobre la punta de un dedo; a través de un orificio del hueso occipital, sale del cerebro la médula espinal, una "vía de transmisión" del sistema nervioso.

En lo que respecta a los huesos de la cara, los huesos de la cara más importantes son los maxilares superiores, dos huesos fijos y unidos al cráneo, y el maxilar inferior, un hueso móvil con forma de herradura, cuya principal función es la masticación.

Los huesos del cuerpo humano

En el esqueleto del cuerpo humano hay 206 huesos; pero este número puede variar ligeramente de unas personas a otras, porque hay varios huesos pequeños que unas personas poseen y otras no.

Si observas la forma general del esqueleto en el siguiente atlas anatómico, verás que está formado por un eje central que tiene dos prolongaciones.



En este eje central, llamado esqueleto axial, se encuentra el cráneo, en la parte superior, la columna vertebral y las costillas, en la parte central, y la pelvis, en la parte inferior. De este eje central, salen unas prolongaciones llamadas esqueleto apendicular, que comprenden las extremidades superiores y las extremidades inferiores.

El alimento del hueso

Para que se construya y fortalezca el esqueleto que sostiene tu cuerpo y protege los órganos más importantes de tu organismo, es preciso que los huesos reciban una alimentación suficiente.

La alimentación básica del hueso son las vitaminas, sustancias existentes en algunos alimentos que también son imprescindibles para el normal desarrollo de otras partes de tu organismo.

Como sabes, existen distintos tipos de vitaminas, cuyo nombre es una simple letra: vitamina A, vitamina C, vitamina D, etc.

El desarrollo y fortalecimiento del hueso depende de la vitamina D y sobre todo de la vidamina D2 o calciferol.

El calciferol se encuentra principalmente en el aceite de hígado de bacalao, el atún, la leche y los huevos.

La misión del calciferol es regular la absorción a través del intestino del calcio y el fósforo que precisan los huesos.

Nuestro organismo también obtiene vitamina D a través de la acción que los rayos ultravioleta del sol realizan en la piel.

Por este motivo, en los países soleados son poco habituales los casos de raquitismo, que es la enfermedad provocada por la carencia de vitamina D.

El raquitismo afecta sobre todo a los niños y consiste en la descalcificación progresiva del esqueleto.
En las personas adultas, la carencia de vitamina D produce osteomalacia o reblandecimiento de los huesos.

¿Sabías que los huesos pueden conservarse durante millones de años?

Año 1962. Yacimiento arqueológico de Olduvai, en África. Un científico llamado Louis Leakey y su esposa, Mary, desentierran pequeñas piedras que parecen herramientas primitivas.

De pronto, el científico ve sobresalir el extremo de un hueso. Comienza a excavar alrededor y saca el hueso con mucho cuidado.

Es la mandíbula de un cráneo humano. Aquella mandíbula permitió reconstruir el cráneo del Homo habilis, el primer antepasado del hombre, que, hace dos millones de años, empezó a fabricar herramientas.

Louis Leakey y su esposa eran paleontólogos. La paleontología es la ciencia que estudia como era la vida en la Tierra hace millones de años, a través de los restos conservados hasta hoy de plantas, animales y hombres prehistóricos. Estos restos se llaman fósiles.

Los fósiles que con más frecuencia hallan los paleontólogos son huesos de hombres y animales prehistóricos.

Las sustancias minerales contenidas en el hueso se endurecen con el paso del tiempo; y si el terreno en que está enterrado el hueso se halla protegido de la humedad, ¡el hueso puede conservarse durante millones de años!